Seguramente enojado porque decimos la verdad sobre él, o sea que es un ñoqui en el Concejo y que no hace nada por ese Pueblo que le paga una dieta mensual, no dudó en esconderse tras la velocidad de su propio auto, pasando por al lado del periodista de esta columna y gritando un improperio mientras aceleraba el Clío nuevo…
No nos molestan sus insultos. Nos molesta que cobre la plata del vecino mientras trabaja en la Capital, o cuenta las ganancias de su café de la 13 o juega al entrenador deportivo en Ducilo…

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